sábado, 25 de agosto de 2012

Más cerca que si no fuera cierto


Otra vez, otra vez.

Mientras más alto saltaba, más coraje armabas, mejor sonaba tu rima, y una lágrima, tallabas.
Cuando poco aire le quedaba a lo ancho de mi pecho, inflado, grande, mentido, me pateaste el banquito… y sin juicio me moriste al placard. O hicimos de cuenta que.
Más lejos me pateabas y más cerca empecé a sentirme. El tiempo podría llegar a ser aliado, después de tanto disolver colores. Después de tanto mandarme al barro. Aunque después me cobre el alma con la cara de la moneda que nos vio cruzarnos. Que compró los valores que vamos a perder para encontrarnos.
No te creí todo lo que dijiste. Pero tampoco creí lo que no me convenía y era. Te creo lo que quiero, porque es lo que me sirve. Lo que ya no sé si es amablemente cierto. Lo que necesito.

Sangre o derechos, muerte o valor.

En el dogma de tu miedo, muere el aire de la vida. La sangre se vuelve más rosa, y más la tuya aún. No podés dejar la piel secando al sol. No podés mentirme lo que siento de vos hacia mí. No podés controlar lo que siento de vos hacia mí. No podés recortar lo que hay de vos hacia mí. No podés mentir lo que hay de vos hacia mí. O no tanto.*

Salvo que sea un capricho.

No te creo, salvo que sea un capricho.


* Tu historia es tuya y no califica. No conmigo, no por vos. Como si no existiera.

jueves, 16 de agosto de 2012

el amor no es sólo cuerpo... no existe sólo en vida

Un buen hombre y nada más

Quizás lo sentí. Te sentí. No anduvo lo bien que me hubiera gustado la mañana de ayer, pero peor la de hoy. Por ahí te acompañé, o te dí una mano, o sufrí tu herida, o sané tu embargo. Mejor dicho, alguna parte de él.
Experimenté un sabor a nada, después de la sorpresa, después de comenzar la desarticulación que se sufre al perder una referencia de tantas. Experimenté mis expectativas proyectadas en tu vida. Proyecto en todo. Y te juzgué desde lo que yo puedo y quiero ver. Perdoname.
Hay historias que van con vos y no terminaste de contar. Marcelo también se va a ir inconcluso. Se entere o no, no va a poder morirte nada. 
Un muy buen tipo. Eso y nada más. Hoy no importa ser bueno. Ni ser amado. Sólo la alabanza de los que no ves. La alabanza y nada más.
Tu familia te va a sentir. Mary y tu Marcelo. Cabrón, libriano, ajeno y propio. Hijo. Mentido. Embobado. Tuyo. No dejaste nada por entregar a los tuyos. Los amaste por sobre el taxi, la pizza y la perra. Pusiste el ángel que le robaste a los mates amargos como la vida. Vos los tomabas dulce. Yo te decía que no te hacía bien. Y aparte los tomo más tercos. Y aparte tenías que cuidarte. Pero aparte, ya estabas jugando otros juegos.

Gracias,

Iván.

domingo, 12 de agosto de 2012

Desprendimiento

Tengo unos zapatos de taco bajo, pero duro. De esos que duelen un poco el talón y castigan los silencios de la siesta. Hoy no tengo otra cosa. Así que me subo y salgo a andar. A buscar eso que siempre recuerdo y nunca tuve. Eso que perdí sin conocer.
Cuando estoy sólo, es cuando más cerca me siento. Respiro tranquilo. Me siento cálido. Me acurruco en lo más pleno del aire. Y taconeo. Taconeo mucho, crudo, tosco. Taconeo para los faroles de esquina, que me iluminan tenue. Y me hacen sentir sólo. Sólo y desprendido. Más sólo que a nada.
Las calles de adoquines en el bajo Belgrano, tienen más eco que nunca. Y mi tácito modo de extrañarte me desarticula. Me pierde. Me funde a esa falta de identidad que se respira en lo bajo de la soledad. A esa identidad común de los que no tienen causas. De los que no tenemos causas. De los que no ardemos orientados. De los que remachamos el alma. De los que andamos con la sangre diluída.


jueves, 2 de agosto de 2012

No era cosa

Te andabas y venías, bailabas y pasabas, los vidrios se empañaban y la cosa era cosa y poco más.
Pero el tiempo barre, el polvo corre, el aire estanca. Sucede que la cosa tenía vida. Ese sentir tan pastel como adolescente, tan jovial como arrancador, empezó a desplegar una a una, sus mañas. Trituró la parte burra de los besos, lo vagabundo de la ocasión.
Me empujó contra el cielo y me hizo sentir el sabor sin degustar más que ansiedad y miedo.
Y de andar las rosas sin muecas ni espinas, me tengo blando, sin preguntas, sin mis trucos sin el valor que realmente importa.